Zona El Internado

Amparo Baró: “Me parece terrible ser funcionaria”


Nacida en Barcelona en 1937, desde pequeña mostró interés por el teatro- Debutó con 20 años a las órdenes de Adolfo Marsillach- Ha dedicado toda su vida al teatro- Pero su personaje más conocido ha sido Sole, en la serie de televisión Siete vidas- Entre sus premios, destaca el Goya a la mejor interpretación- En la actualidad, encabeza el reparto de El internado (A3).

Es una de las personas más críticas y voluntariosas de la profesión interpretativa. Su fortaleza radica en dirigirse a sus objetivos sin contemplaciones. Temida por algunos, ella es así: pura dinamita.

Ha tenido usted un verano de descanso…

He estado un mes en Cádiz, y después en una casita que tengo en el campo, cerca de Madrid, pero es hora de regresar.

¿Su ritmo de trabajo no es demasiado estresante?

Para mí es un placer trabajar, así que no estoy agobiada. Para no parar, tienes que estar en el sitio adecuado en el momento correcto y saber aprovecharlo. Y sigo teniendo muchas ganas de aprender, eso es fantástico.

En la serie El internado (A3) graba con niños y adolescentes, ¿cómo se trabaja con ellos?

Teniendo muchas sorpresas, porque esos niños, de pronto, te dan una clase magistral de interpretación. Trabajo muy a gusto.


¿Ha olvidado el teatro?

No, para nada. Lo que ocurrió es que cuando empecé Siete vidas yo estaba haciendo teatro y pensé que aquella serie duraría 13 capítulos. Me hizo ilusión aquel proyecto, así que lo compaginé con las funciones. Claro, los 13 capítulos se convirtieron en 204 y no he podido volver.

En cuanto al cine, en los años 60 participó en muchas películas, ¿por qué lo abandonó?

Seguramente me abandonó él a mí. Por muchas películas que yo haya hecho, lo que nunca he parado de hacer es teatro.

Después de una larga temporada, regresa con Siete mesas de billar francés y le dan un Goya…

La verdad es que cuando me dieron el Goya por la mejor interpretación me quedé loca.

¿Por qué no fue a recogerlo?

Es que no me gustan este tipo de actos. Yo no estoy cómoda porque no me han educado para eso. Creo que soy demasiado tímida para asumir toda la parafernalia que hay en esos evento

¿Las nuevas generaciones tienen otros objetivos?

Ahora el físico cuenta muchísimo más. Siempre les digo a los chicos que tienen que tener muy claro si quieren ser protagonistas de portadas o actores. Afortunadamente, veo a gente que tiene las cosas claras.

¿Le molesta ser popular?

Tampoco me persigue nadie por la calle (risas). A mí me da mucha alegría. Me siguen llamando Sole y la gente siempre ha sido muy amable conmigo.

¿Ha apostado por lo profesional por encima de lo personal?

No puedo separar las dos cosas porque mi trabajo también es mi vida. Ser actor es algo tan maravilloso que no se puede explicar, pero también he disfrutado de mi vida personal con intensidad.

¿Es usted tan exigente como afirman?

Es que yo he tenido grandes maestros y creo que sé cómo se hacen las cosas. No puedo dar clases porque yo no sirvo para eso, pero he trabajado con los grandes: Marsillach, Irene Gutiérrez Caba, Mary Carrillo, Rodero, Fernando Delgado y una lista interminable de gente que no ha parado de enseñarme cosas.

¿Solamente los resistentes pueden sobrevivir en el mundo del espectáculo?

Esta vida es muy dura, sobre todo para los que no les gusta su trabajo. Es cierto que es una profesión con muchos altos y bajos, pero a mí lo que me parece realmente terrible es ser funcionaria. Eso sí que sería para mí una losa tremenda.

Dicen que usted cerraba todos los garitos de Madrid…

Es que de eso han pasado 40 años. Es cierto que durante una época yo me acostaba todos los días a las nueve de la mañana sin ningún tipo de problema, y me lo pasaba estupendamente con compañeros y amigos. Creo que era una forma ideal de descargar adrenalina. Pero si ahora hiciera eso, me tendrían que ingresar en una clínica.

¿Ha llegado a tener verdaderos amigos en la profesión?

Yo sí, lo que está claro es que la amistad hay que cultivarla. Después, habrá celos, envidias… Pero en todas las profesiones existen rivalidades, ¿no?

¿No se avergüenza de algunas personas que se consideran actrices?

Cuando alguna miss dice que ahora va a ser actriz, me pongo mala y me quedo con la boca abierta. Eso sí, ninguna dice que va a ser arquitecto (risas). Todas van a hacer cine, y yo digo: «¡Qué estupendo!»

¿Va usted pisando con tanto ímpetu como parece?

Creo que sí. Los palos que he recibido me han hecho fuerte. La vida es así.

Cuando llegó de Barcelona, ¿se imaginaba que las cosas podrían suceder de esta forma?

Mis sueños se han cumplido porque yo no he querido ser una estrella de nada, solamente quería ser actriz y vivir de mi trabajo. Con 71 años lo he conseguido.

¿Va usted de humilde?

No soy humilde para nada. Sé que soy una buena actriz como otras muchas, pero es que en esta profesión no somos extraterrestres. Nunca me he creído nada porque no tenía motivos, aunque tampoco soy una imbécil y sé donde estoy.

¿Se arrepiente de no haber tenido hijos?

No, nunca he tenido esa necesidad. Todas las madres que me encuentro en esta época me dicen que no pueden más, que están deseando que los niños regresen al colegio (risas).

¿Se morirá en su jardín de las delicias?

No, espero que no. Tengo pendiente algún proyecto, pero nada más. Ha sido suficiente.

¿Cuando llegue ese momento se dedicará a la vida contemplativa?

Es que me encanta mirar y escuchar. Es impresionante todo lo que podemos aprender si practicamos estas actividades que tenemos tan descuidadas..

DÍAS DE VERANO

UN VERANO INOLVIDABLE

«No podría elegir un verano, me cuesta mucho porque todos han sido fantásticos. Hoy mismo, por la mañana, contemplaba a unas perdices con sus polluelos y pensaba lo extraordinaria que es esta época del año. Lo inolvidable es la manera que tenemos de guardar nuestros recuerdos».

CÓMO COMBATE LA SOLEDAD

«No la combato, la disfruto. Es el momento ideal para hacer todas esas cosas que por falta de tiempo no puedes hacer en otra situación. También me encanta abandonarme a la lectura, me parece que es una terapia muy buena para no sentirse solo».

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