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Avance de la entrevista exclusiva a Raúl Fernández en Zona El Internado


Lo prometido es deuda, y antes de publicar la entrevista exclusiva completa que Zona El Internado le ha hecho a Raúl Fernández (Fermín en El Internado), os dejamos este pequeño avance formado por las preguntas y respuestas del bloque “Trabajos y personal”. Avisamos que lo que vas a leer a continuación es solo el 1% de la entrevista completa, así que… ¿te imaginas lo todo lo que ha podido contar? Seguro que no, pero no te preocupes, porque no vamos a tardar en publicar la entrevista completa. Mientras tanto, lee y disfruta estas respuestas del héroe…

Raúl Fernández es Fermín en El Internado

Cuéntanos: a grandes rasgos, ¿qué formación has seguido para llegar a ser actor?

Mis primeros pasos los di en la típica obra de instituto que todos hemos hecho. Pero digamos que los más serios los di en una pequeña sala que se llama Teatro de Cámara de Madrid, que está en el barrio de Lavapiés. La sala tenía una escuela de interpretación dirigida por Ángel Gutiérrez, que a su vez tenía una compañía que representaba en la misma sala en la que daban clase. Y allí empecé yo, con este hombre, Ángel Gutiérrez, a quien considero uno de los grandes maestros de Interpretación.

¿Cómo entraste en contacto con el Teatro de Cámara?

Fue casi por casualidad, porque salía de un ensayo de un grupo de teatro amateur que tenía, y vi un panfletito en el parabrisas de un coche que anunciaba la escuela, que resulta que estaba justo al lado del local donde ensayábamos nosotros. Y nada, me apunté, allí hice dos años de Interpretación, y al mismo tiempo compaginaba el trabajo con la Compañía. Tuve suerte, porque el director me propuso muy pronto representar papeles con ellos. De ahí, enlacé con los estudios en la Real Escuela de Arte Dramático (RESAD), que fueron cuatro años de formación, y ésa es mi base.

Y una vez que ya te habías adentrado en el mundo de la formación interpretativa y conocías los distintos métodos, ¿cómo elegiste una escuela determinada y por qué?

Lo de la RESAD fue fundamentalmente por una cuestión práctica, y es que ofrece una titulación homologada por el Ministerio de Cultura, y aparte, después de hablarlo con algunos compañeros, pensé que podría ser la formación más completa. Dentro del mundo de la formación hay opiniones para todos los gustos: hay quien aprueba unos métodos, hay quien otros… Lo que sí es cierto es que la RESAD ofrece una formación muy amplia: se toca una gran cantidad de materias y todo se lleva a cabo de forma seria. Sin embargo, como digo, esto depende del carácter de cada uno. El arte teatral, como todo arte, es muy subjetivo… También hay quien acaba sus años de estudio en la RESAD y después se matricula en cursos en escuelas privadas para perfeccionar algún aspecto de su formación, o para profundizar en alguna rama específica, por ejemplo. Yo, de lo que me he dado cuenta, es de que el actor realmente se forma encima del escenario: la gran escuela es el trabajo.

¿Has tenido algún referente en el que mirarte? ¿Hay alguien a quien admires profundamente?

(Risas) Supongo que los iconos de siempre… Esas grandes estrellas que todos conocemos; no soy muy original en esto: Robert de Niro, Al Pacino, Marlon Brando, Paul Newman, Daniel Day-Lewis, Edward Norton… Lo que también es verdad es que siempre he encontrado referentes en mis propios compañeros. Por ejemplo, recuerdo la primera vez que vi un espectáculo del Teatro de Cámara, porque me dejó absolutamente sobrecogido, y muchos de los actores que trabajaban en esa compañía me despertaron gran admiración y se convirtieron en referentes para mí. Estamos hablando de actores como José Luis Alcobendas o Patricia Sáez, que fueron los primeros que me impactaron. Pero también hoy encuentro un ejemplo a seguir en el director de la sala Guindalera, Juan Pastor, o María Pastor, que es una grandísima actriz.

Claro, muchas veces nos vamos lejos a buscar a nuestros referentes y resulta que los tenemos al lado.

Eso es. He visto cosas en ensayos, que nunca han llegado a salir en ningún espectáculo, simplemente en el contexto de un aula de trabajo, que son increíbles, y que si las hiciera Robert de Niro lo encumbrarían sin dudar. Suceden cosas maravillosas a nuestro alrededor a pequeña escala. La pena es que esta gente que las hace posibles a lo mejor no puede llegar nunca a un escenario o la televisión porque no tiene suerte, y su gran trabajo se queda en la privacidad de un aula de ensayo.

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