
Mata Hazas nos cuenta en su blog “Marta en Marte” que ayer estuvo en el cine para ver la nueva película de Quentin Tarantino “Malditos Bastardos”.

Ayer fui al cine a ver “Malditos Bastardos” y me encantó. Tarantino es un genio macarra, capaz como pocos, de mantenerte entretenido con un guión hilvanado, a la par que se sirve del cine para reescribir La Historia, en una especie de resarcidora revancha contra el Nazismo. ¿Por qué no? Si existe un género documental y los tan de moda biopic, ¡viva! el poder contar en la ficción los acontecimientos como a uno le de la gana, ¡arriba! los finales felices y las venganzas intelectuales…para mi eso sí que es CINE.
Las interpretaciones de los actores son maravillosas. Brad Pitt es un Teniente Aldo Raine lleno de sentido del humor. Sobre todo destacar la secuencia en la que se hace pasar por italiano a la entrada del cine. Sencillamente brillante.
Molly Sweeney de Brien Friel cobra vida de nuevo hoy 17 de septiembre en la sala Guindalera. María Pastor vuelve a meterse en el papel de la mujer que da título a la obra, José Maya en el del doctor Rice, el otrora prestigioso cirujano que tratará de devolver la vista a Molly, y nuestro Raúl Fernández en el de Frank, el parlanchín marido de la protagonista. De este modo, Raúl vuelve a compaginar los rodajes de El internado con el teatro, género en el que se siente especialmente a gusto.

La primera particularidad de Molly viene dada por una de las características de la sala, y es por tanto afín a todas los montajes que allí se llevan a cabo. Ésta no es otra que la cercanía inspirada, que brinda al espectador la sensación de estar imbuido en la propia historia. Sigue leyendo, haz clic aquí…
En el vídeo que acompaña a esta entrada asistimos a un monólogo del personaje que encierra en él toda la esencia de su historia. Mientras espera a su amada, Treplev va retratándose a sí mismo. Él ama a Nina, y por ello, decide agasajarla con el mejor regalo posible: un teatro, un escenario pequeño, una obra escrita por él en la que ella es la protagonista, cumpliendo así su sueño de ser actriz.
«¿Acaso si nos pincháis no sangramos?», brama Shylock en el memorable monólogo de «El mercader de Venecia». Sí, claro que sí. A buen seguro que Fernando Conde la derramaría en el escenario, porque todo es verdad en la enorme interpretación que este actor de fondo borda en esta nueva versión del drama de Shakespeare. Más allá de él, un puñado de trabajados y dignos papeles: bien está Juan Gea como Antonio, y Natalia Millán, que busca cambios de registro en una viva y ágil Porcia; también un divertido Ángel García Suárez como Salerio.

Más allá de Conde, también, una cuidadosa aunque en exceso ortodoxa dirección de Denis Rafter, que aporta poco al clásico salvo el placer de degustar un gran texto en su salsa, sin retoques, íntegro y respetuoso con el bellísimo verso original.