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Cristina Marcos: “La televisión hace ídolos que se pueden ensalzar y tirar en cualquier momento”


Cristina Marcos (Barcelona, 1963) es una actriz de probada solvencia, premiada con un Goya (‘Todos los hombres sois iguales’), un fotograma de Plata por su trabajo en televisión (‘El grupo’, ‘Un chupete para ella’), además de varios trofeos por la miniserie ‘La Regenta’ y de otro de la Unión de Actores por la obra teatral ‘El método Grönholm’. Pero llevada una década ausente de la pequeña pantalla y sin un papel significativo en la grande. Ahora vuelve a estar en racha, a reencontrarse con la televisión, como uno de los principales fichajes de ‘El internado’, que estrena nueva temporada en Antena 3 a partir de noviembre; y con el cine, con un papel destacado en la película ‘La isla interior’, de Féix Sabroso y Dunia Ayaso, en la que está al lado de Candela Peña, Alberto Sanjuán y Geraldine Chaplin y que se estrenará en la Semana Internacional de Cine de Valladolid.

Hace mucho tiempo que no aparecía en la televisión ¿cuál ha sido el motivo?

Porque me he dedicado al teatro, con ‘El método Gronhölm’. ‘El rey Lear’, ‘Historia de una escalera’, además de una ‘TV movie’ para la Forta, Pero si no apareces en la televisión, a veces parece que has desaparecido.

Se sentirá reconocida por los premios obtenidos allá donde ha trabajado ¿Se considera una actriz de éxito?

No. Creo que me voy ganándome la vida con mi profesión y aprendiendo a la vez, que no es poco. Es una carrera de fondo, con lo difícil que resulta porque tienes rachas.

Sobre el papel, su personaje en ‘El internado’, es el de una profesora de filosofía, algo torpe, despistada, afable y soñadora

Nunca he participado en una serie donde sepas menos cosas de tu personaje. Tú vas recibiendo los guiones -estoy revisando ahora la serie desde el principio, porque no la seguía- y es muy impresionante porque pasan muchas cosas. No sé demasiado de lo que va a ocurrir, sólo a medida que salen los guiones. Es emocionante. ‘El internado’ tiene algo especial: sucede en un bosque, separado de cualquier cosa. No hay ni un bar., nada alrededor. Un sitio muy extraño, pero veo la serie y me lo trago todo. Aquí hay pocos recursos para la interpretación, y ahí está su originalidad. Está todo muy concentrado mientras ocurren situaciones muy extrañas.

El problema es que el misterio de la serie se retuerce tanto que el espectador puede perderse.

Sí, pero para eso hay un montón de páginas en la web donde se resume todo. Además, tiene un club de fans importante. Es bonito porque abarca un arco muy amplio de personajes, desde los pequeñitos, a los adolescentes, pasando por los mayores. Eso me gusta.

Hace tiempo que no aparecía en la pequeña pantalla ¿Cómo ve que ha cambiado el medio?

Cada vez tienes menos información de la serie en la que estás y se trabaja más al día, más rápido y más horas. Cuando yo empecé se trabajaba ocho horas por día y no había móviles. Ahora trabajamos diez, once, depende. Y se ha mejorado en el sentido técnico, se graba o rueda mejor, y algunos actores jóvenes están mejor preparados, aunque hay otros a los que no se les entiende nada. ¿De lo que sale en pantalla? Veo capítulos de series, documentales y noticias. Respecto a las series, ‘Cuéntame ‘ o ‘El internado’ tienen un nivel alto, me gustó ‘Acusados’, ‘Águila Roja’.

¿Qué le brinda la televisión a una actriz?

Se parece más al teatro que al cine. Se graba con tres cámaras y haces la secuencia seguida, no por trocitos. Es más teatral, haces toda la unidad seguida. ¿La popularidad de la televisión? A mí me gusta ganarme la vida y estar tranquila. La popularidad a veces es bonita pero esto es un trabajo, y a veces, se hacen ídolos que se pueden ensalzar y tirar en cualquier momento. Debe ser una tendencia humana, pero a mí me da mucha precaución.

La televisión y el cine se llenan de rostros muy jóvenes y parece que no hay papeles para las mujeres que ya no son jovencitas, que van madurando.

Sí. Eso lo tengo claro. Llega un momento en que no saben dónde ponerte. No eres ni la chica guay, ni la madre, ni la abuela. Eso sí me da pena. A veces veo películas francesas en las que hay papeles para todo el mundo, como para una señora que tiene la cara guapa pero las pantorrillas gordas, un niño o la abuela sabia o histérica. Se ve que allí hay una mente creadora que sabe de la vida.

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