Exclusivas » Entrevista exclusiva a Jonás Berami II

Con paso rápido y seguro, Jonás Berami aparece de pronto en las escaleras de entrada del Nuevo Teatro Alcalá, que ahora es su casa, y abre las puertas para que nos introduzcamos en la mágica penumbra del edificio. En el patio de butacas, y junto al escenario que lo está viendo crecer como actor de teatro, Jonás abre también su corazón con la intención de darnos un trocito esta tarde. ¡Que se alce el telón!

Hola, Jonás. Es un placer poder entrevistarte para la web Zona El Internado. ¿Estás preparado?

¡Claro, vamos allá!

Trabajos

¿Cuándo y cómo empezó tu afición por el teatro?

El teatro siempre me ha gustado. Antes de venirme a Madrid viví ocho años en Barcelona y allí nos llevaban de excursión al teatro, y así fui cogiendo afición. Pero hasta hace seis años no decidí apuntarme a la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) de Málaga, y allí fue donde me enamoré por completo.

¿Es ésta tu primera experiencia en el teatro profesional?

No, ya he hecho otras cositas antes: estuve en el Teatro Cervantes con una compañía italiana haciendo un montaje muy bueno, por ejemplo.

Así que ya tienes tablas…

Uy, eso no se puede decir nunca. Es verdad que de esta obra que estoy haciendo ahora (‘De cerca nadie es normal’) tengo ya muchas funciones a mis espaldas y me noto más suelto, pero no hay dos representaciones iguales. Siempre se encuentra algo nuevo, siempre aprendes más. Sobre todo, lo que se necesita para hacer teatro es concentración, y eso se aprende con los años. Ésta es una obra en la que están sonando risas continuamente, y no puedes dejarte llevar por ellas, porque se te iría el texto.

¿Cómo te surge la oportunidad de trabajar en esta obra, ‘De cerca nadie es normal’?

Pues resulta que mi amigo Víctor Sevilla estaba trabajando en la obra el año pasado y le surgió otra oportunidad laboral y me pidió que lo sustituyera durante el tiempo que él estuviera ausente. Me estuve preparando, vine a ver la obra varias veces y al final hice unas pruebas que gustaron. Después, cuando Víctor se fue, me quedé yo definitivamente. Por cierto, este chico está ahora haciendo ‘A saco’ en el Teatro Arenal. No os la podéis perder…

¿Qué sacas de esta experiencia?

Tengo que decir que es una de las mejores que he tenido.

¿Qué sientes cuando estás encima de un escenario?

(Resopla. Le brillan los ojos) Creo que cualquier actor que se haya subido a un escenario te diría lo mismo: no tiene nada que ver ni con el cine, ni con la televisión. Aquí estás tú contra el mundo. Por muchas veces que hayas hecho la función, siempre sientes los nervios antes de salir a escena. Al menos, a mí me pasa. Es una sensación que no puedo describir: estás creando constantemente, en tiempo real. Tienes una hora y media en la que no puedes parar… No valen cortes: si te equivocas, tienes que seguir adelante como puedas, siempre sin salirte del personaje.

Ya que lo mencionas, háblanos un poco de tu personaje en la obra, Pablito.

Es un vecino de toda la vida de la familia protagonista y está locamente enamorado de la hija, Clara. Ha sido toda su vida lo que yo llamo un “niño llave”: sus padres se iban por ahí y siempre lo dejaban solo con una llave de su casa, así que Pablito se pasa la vida en casa de los vecinos. Todo el mundo pasa olímpicamente de él: sus padres, los vecinos… hasta Clara. Le pegaban en el colegio de chico, pobrecito mío, casi no tiene amigos… Y de pronto, un día Clara trae otro chico que ha conocido por ahí, Pablito se siente invadido ¡y empieza a preguntarse quién es ese tío que quiere quitarle a su novia! Que en realidad no ha sido nunca su novia, pero él se lo cree (risas). Sin duda, es el personaje más divertido que he hecho nunca.

Se nota porque, desde luego, te luces en el papel.

¿Sí? Muchas gracias. El personaje no tiene desperdicio: es espontáneo, explosivo, enérgico…

Un trabajo duro en el escenario, ¿no?

Uf, cada día que salgo es como si me pegaran una paliza. Desgasta mucho…

¿Por qué debe el público venir a ver ‘De cerca nadie es normal’?

No voy a decir esto porque yo esté en ella, ¿eh? (Risas). Pero he visto pocas obras de teatro tan divertidas como ésta. ¿Tú qué opinas?

¡Yo estoy de acuerdo!

¿Qué vas a decir? (Risas). La verdad es que todo el mundo se queda muy contento con la obra. La gente se ríe muchísimo y se lo pasa muy bien. Tiene cosas que no te esperas, giros, vuelcos… ¡Es una locura! Entretiene durante una hora y media que, al fin y al cabo, es de lo que se trata.

¿Qué mensaje crees que se manda al espectador?

Tiene un mensaje claro bastante duro, porque habla de temas reales como la bulimia, el abuso de menores, el asesinato, etc. Son bastante escabrosos, pero están tratados de tal  manera que no te sienta mal, aunque te lo dicen a las claras, pero te ríes con ello. El texto de Aitana y de Luis es fantástico. Puro humor negro.

¿Cuánto tiempo de ensayo se requiere para representarla?

En mi caso, no mucho, porque la primera vez que la hice, para aquella sustitución de Víctor, vine a ver la obra varias veces para quedarme con los movimientos, el texto, etc. Así que antes de representar por primera vez tuve sólo dos ensayos: uno en el escenario y otro en una sala. Fue una locura, pensé que iba a morir (risas). Eso sí, cuando acabé y vi al público aplaudir para reconocer nuestro trabajo, experimenté una satisfacción sin límites. Para mí, hacer teatro es una experiencia como ninguna otra.

Y, aun así, has trabajado bajo las órdenes de Emilio Aragón en la película ‘Pájaros de papel’. ¿Qué se siente?

Siempre lo digo, pero el día que entré en aquella habitación y vi a Miliki, Emilio Aragón, Imanol Arias, Lluís Homar, etc., juntos pensé: “Vamos a ver, ¿qué hago yo aquí?”. Fue una experiencia de la que salí muy emocionado; incluso tuve a Miliki cogido de la mano mientras hablábamos… Fue tan especial que no lo voy a olvidar nunca.

¿Qué es lo más duro que has tenido que hacer para preparar un papel?

Aunque parezca una tontería, fumar, porque yo no fumo y no me gusta, pero mi personaje fumaba y tuve que hacerlo. Si tengo que fumar, fumo treinta mil veces. Y en la tele hay cosas que se pueden llegar a disimular, pero en el teatro no. En el teatro no puede “parecer que”: tiene que “ser”.

¿Te atreves a dar un consejo a aquéllos que sueñan con ser actores?

Sí: que tengan PACIENCIA. Paciencia y buena letra (risas). Yo soy de la opinión de que la Suerte hay que buscarla. Si la buscas, ella te encuentra. Es cierto que hay gente que tiene menos suerte y menos recursos: pues ésos tendrán que trabajar el doble, pero que no pierdan la paciencia. En esta profesión te ilusionas rápidamente, pero igualmente de desilusionas, por eso hay que tener fuerza de voluntad y entereza para seguir adelante, si no, duras en esto un día. Por otro lado, les diría que fueran humildes, porque siendo prepotente no se va a ningún lado.

Jonás Berami en Zona El Internado

El Internado

En la anterior entrevista que concediste a Zona El Internado no nos pudiste contar anécdotas del rodaje para no desvelarnos lo que pasaría en los siguientes capítulos. ¿Nos las podrías contar ahora?

La verdad es que teníamos unos rodajes muy tranquilos… De lo que más me acuerdo es de cuando el dóberman me pisó la cara y casi me raja un ojo. En la muerte de Nacho, cuando ya estaba tirado en el suelo del bosque, de pronto apareció ese toro -porque eso no era un perro, ¡era un miura!- y me pisó la cara con su pezuña de la talla 47… Y yo sin poder moverme, porque estaba muerto. He tenido unas experiencias con los perros en mi vida… De pequeño me mordió un mastín y casi me mata, y después lo del dóberman. Y aun así, me encantan los perros.

¿Cómo crees que habría sido el futuro de Nacho en ‘El Internado’ si Roque no hubiera entrado en la enfermería, y por tanto, no hubieran tenido que sustituirlo por Nacho?

Creo que Nacho habría acabado uniéndose al grupo de los chicos. Al final se habría ganado la amistad de Iván, seguro, en alguna escena en la que le echara una mano… Las típicas profundas que acaban en un “Gracias, tío” (pone voz solemne y después se ríe).

¿Te dio pena marcharte del rodaje?

¡Claro! Pero es que los guiones ya estaban escritos, y tenía que ser así. Nacho tenía que morir para desencadenar la trama del traidor en la siguiente temporada. Fue una pena, me supo a poco, porque me habría gustado estar allí más tiempo, las cosas como son. Estuve muy a gusto.

¿Cómo te preparaste la muerte de Nacho?

Resulta que las condiciones externas de rodaje fueron óptimas para morir (risas). De hecho, no morí de verdad de milagro: de noche, en el bosque, hacía un frío que pelaba, y yo estaba sin camiseta metido en una cueva con arañas, los chicos me sacaban una y otra vez de allí tirando de mí… Cuando llegaron las seis de la mañana y terminamos la secuencia, pensé “que alguien me mate, por favor”. Fue fácil sentirse identificado (risas).

¿Qué final le darías a ‘El Internado’?

¡Todos muertos! No tiene que quedar ni el apuntador. Se van a acordar de Nacho y sus maldiciones (risas). La verdad es que no sé qué final le daría, pero sería algo fuerte, impactante… Pero, ¿cómo contentas a tantísimos espectadores? Es difícil, sí.

Jonás Berami en Zona El Internado

Futuro

¿Qué proyectos tienes entre manos?

Ahora mismo estoy volcado en ‘De cerca nadie es normal’, porque me ocupa mucho tiempo y quiero estar concentrado en hacer bien mi trabajo, que el que mucho abarca, poco aprieta. Así que, de momento, teatro, teatro y más teatro.

¿Hay algo que te encantaría hacer profesionalmente?

Sí: me encantaría trabajar con todos mis amigos, que también son actores: hacer una película todos juntos, rodar un corto… Cosas así. Para mí, sería lo mejor del mundo.

Tercer grado

Bueno, Jonás, cuéntanos algo más de ti…

– Una virtud.

Soy muy cariñoso.

– Un defecto.

No tengo paciencia. Y ya lo dije antes: en esta profesión, como no tengas paciencia… Pero estoy aprendiendo, ¿eh? (Risas)

– Una canción.

Me podría tirar tres días diciendo canciones… Cualquiera de Michael Jackson: ‘Billie Jean’, ‘Smooth Criminal’… Esas dos, por ejemplo. Además, así le hago un homenaje.

– Un libro.

‘El Principito’, de Antoine de Saint-Exupéry.

– Una película.

‘El Padrino’, sin duda.

– Una obra de teatro.

¡‘De cerca nadie es normal’! (Risas).

– Un lugar del mundo.

Mi playa de Fuengirola.

– Una comida.

¡Huevos con papas y a volar! (Risas). Es que no soy muy sibarita…

– Una serie de dibujos animados.

Bola de Dragón.

– Un videojuego.

‘Starcraft’. Cualquiera de los dos. También me gusta el ‘Pro’… ¡Ése no me lo quita nadie! Aunque cuando mi personaje coge el mando de la Play en ‘De cerca nadie es normal’ juego mentalmente al ‘Gran Theft Auto’ (a su espalda, se oye una exclamación de aprobación: Fede Rey, su compañero de reparto, acaba de descubrir que, sin ponerse de acuerdo, habían elegido el mismo videojuego para la preparación de sus personajes).

– Tres deseos que le pedirías a un genio.

¡Pedirle más deseos! Eso es un clásico… “Genio, quiero tener deseos ininterrumpidamente” (risas). Pediría salud para mi familia, seguir bien y que el planeta se arreglara un poquito.

– Un equipo de fútbol.

El Barça, sin duda.

– Un jugador de fútbol.

Desde hace varios años, Xavi Hernández. Él es la definición perfecta de “jugador de fútbol”. Es espectacular.

– La mayor locura que hayas hecho.

Uy, tengo algunas anecdotillas graciosas por ahí (risas). Era un poco bicho. Alguna vez cogí prestado algún coche (risas).

– Pasatiempo favorito.

Sobre todo, la música. Pero me gusta salir con los colegas, jugar al fútbol, etc. Ahora que lo pienso, creo que a lo mejor me he equivocado de profesión. ¡Yo tenía que haber estado en Sudáfrica levantando la Copa del Mundo! (Risas).

Pues hasta aquí nuestras preguntas, Jonás. Esperamos de corazón que tengas toda la suerte que te mereces y que cuentes con Zona El Internado para lo que necesites. Mucha mierda para la función de esta noche.

¡Gracias a vosotros por vuestro interés! Ya nos veremos las caras más adelante, ¡espero! Mañana mismo voy a hablar con Spielberg, a ver qué me cuenta (risas).

Con este ocurrente comentario, Jonás termina su entrevista. En su presencia, enseguida te sientes dando vueltas en una espiral sin fin, que viene y va, que te lleva y te trae. Es alegría desbordante y actividad continua, un torbellino de ideas y emociones que no para de girar. No hay duda de que la magia que desprende, unida a la del teatro que lo ha apadrinado, inundará todos los lugares de su camino allá donde vaya.

Jonás Berami en Zona El Internado

Jonás posa con su resumen-homenaje correspondiente (redactado por VAF una vez más) y su carné de miembro honorífico de Zona El Internado. Su expresión lo dice todo.

Jonás Berami en Zona El Internado

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