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Biografía:

Yolanda Arestegui nació en Avilés (Asturias) en 1965. Es una actriz española de cine, teatro y televisión.

Tras estudiar en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD), Yolanda Arestegui ha dedicado gran parte de su vida profesional al teatro trabajando con directores como Gustavo Pérez-Puig o Adolfo Marsillach.

Está casada con el actor Jesús Cisneros, con el que tiene dos hijas: Lucía y Candela.

Entre 1990 y 1991 presentó el magazín “De par en par” (1990-1991) en las mañanas de TVE-1.

En televisión ha colaborado en series tan conocidas como “Al salir de clase” (Antena 3, 2001-2002) en la que dio vida a ‘Begoña’ durante 121 capítulos. Fue una de las protagonistas de la teleserie “Ciudad Sur” (Antena 3, 2001) donde interpretó el papel de ‘Bea’ y representó a ‘Elena’ en la serie “Casi perfectos” (Antena 3, 2004-2005) junto a Emilio Aragón.

También ha trabajado en algunos episodios de las series: “El cesto lleno de libros” (TVE-1, 1989), “Primera función” (1989), “Farmacia de guardia” (Antena 3, 1991), “Vecinos” (Antena 3, 1992), “Inquilinos” (Canal 9, 1997), “7 Vidas” (Telecinco, 2000), “El comisario” (Antena 3, 2002), “Fuera de Control” (TVE-1, 2006), “Supervillanos” (Serie AMENA, 2006), “Aída” (Telecinco, 2006) y “Cuenta atrás” (2007).

En 2007 prestó su voz al personaje de ‘Ingrid’ en la serie de Cuatro “Gominolas”. Entre 2008 y 2010 interpretó el papel de ‘Irene Espí’ en la serie de Antena 3 “El Internado”.

En cuanto al cine ha participado en la tv-movie “No estás sola, Sara” (2009) de Antonio Hernández Centeno y dirigida por Carlos Sedes y en los cortometrajes “Afasia” (2006) dirigido por Esteban Requejo, “Groucho” (2006) y “Corazón en sombras” (2008) ambos dirigidos por Ángel Almazán y Medardo Amor. En 2010 rodó la película “La curva de la felicidad” dirigida por Luís Sola basada en la obra teatral del mismo nombre y en la que se cuenta con humor y ternura la crisis de un cuarentón tras ser abandonado por su mujer.

Ha participado en numerosas obras de teatro. Entre 1983 y 1986 participó en diferentes montajes del Teatro de Cámara de Madrid dirigidos por Ángel Gutiérrez: “Los balcones de Madrid” de Tirso de Molina, “Las picardías de Scapin” de Molière, “Los escándalos de un pueblo” de Goldoni, “El jardín de los cerezos” de Chejov, etc. También ha participado en numerosas obras dirigidas por Gustavo Pérez-Puig como: “La venganza de Don Mendo” (1987) de Muñoz Seca, “Cuatro corazones con freno y marcha atrás” (1988) de Jardiel Poncela, “Música cercana” (1990) de Buero Vallejo, “Tres sombreros de copa” (1992) de Miguel Mihura y “Traidor, inconfeso y mártir” (1993) de Zorrilla. Otras obras de teatro en las que ha colaborado son: “La Manma” (1989) dirigida por Ángel Montesinos, “Don Gil de las calzas verdes” (1994) de Tirso de Molina y dirigida por Adolfo Marsillach, “El acero de Madrid” (1995) de Lope de Vega y dirigida por José Luis Castro, “La vida es sueño” (1996-1997) de Calderón de la Barca y dirigida por Ariel García-Valdés, “La dama duende” (1998) de Calderón de la Barca dirigida por Antonio Guirau, “Descalzos por el parque” (1999-2000) de Neil Simon y dirigida por Pilar Massa, “Federica de Bramante” (2002) dirigida por Pedro García de las Heras, “Historia de una escalera” (2003) de Buero Vallejo y dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente y “Sé infiel y no mires con quién” (2008-2010) dirigida por Pilar Massa.

Ha sido durante dos años ‘Doña Inés’ en “Don Juan Tenorio” (1999-2000), en la tradicional doble representación que se realiza en Alcalá de Henares anualmente los días 31 de octubre y 1 de noviembre, bajo las órdenes de María Ruiz.

Su personaje en la serie:

Sandra Pazos Pérez / Sandra Wulf Pérez / Irene Espí Lázaro

Su vida en la serie:

Sandra Pazos (Irene Espí) estaba casada con Andrés Novoa y era la madre de Marcos, Paula y Samuel. Pasó su infancia en el orfanato Laguna Negra y tenía un hermano llamado Samuel Espí. Allí contó con el cariño incondicional de Jacinta, una verdadera amiga y confidente para los hermanos Espí.

Tenía un coeficiente intelectual asombrosamente alto para su edad y sin ser consciente de ello, estuvo en el punto de mira de los miembros del Proyecto Géminis.

Irene Espí fue una de las cuatro huérfanas con la que experimentaron, al igual que Carmen Expósito (que murió como consecuencia de un cáncer), Susana Saavedra (que ejercía de jueza y a la que asesinaron en el bosque) y Marta Hernández (que al ser adoptada por el matrimonio Merkel pasó a llamarse Lucía y que trabajó como médico en el Internado).

Por circunstancias del destino Irene y Samuel tuvieron que separarse. Samuel Espí formó parte del grupo de los cinco vengadores. Él nunca le contó  a su hermana nada de los horribles enigmas que escondían los muros del orfanato para no asustarla. Sin embargo, Samuel la hizo responsable de custodiar uno de los muchos tesoros que allí se ocultaban: seis diamantes de un valor incalculable (las Lágrimas de Volkonsky). Sandra guardó el secreto y dejó las pistas para hallarlas escondidas en “El Principito”, su libro favorito.

Una noche todos los vengadores decidieron bajar  juntos a los pasadizos pero fueron descubiertos. Todos fueron apresados y asesinados excepto Samuel Espí que consiguió huir por el pozo. Estando en los pasadizos Samuel Espí se infectó con el virus después de haber sido mordido por uno de los niños que estaban encerrados en la sala de las jaulas y con los que estaban experimentando. Después le contó todo lo sucedido a Jacinta, quien le dijo que el Internado no era un lugar seguro para él, que debía marcharse con una familia de acogida y que pasaría a llamarse Héctor de la Vega. Entonces Samuel Espí se despidió de su hermana Irene pero le prometió ir a buscarla al Internado. Irene Espí le estuvo esperando en los columpios del bosque pero Samuel no apareció por allí.

Después Irene corrió la misma suerte que Samuel y fue adoptada por Santiago Pazos (identidad falsa de Ritter Wülf) por el gran parecido que guardaba con su hija Eva Wülf. Y es que tanto Irene Espí de pequeña como Paula Novoa Pazos eran clones de Eva Wülf.

Cuando Samuel Espí fue al Internado se encontró a Elsa que le dijo que su hermana se puso enferma y se había muerto. Pero Samuel no creyó del todo las palabras de Elsa y cuando fue al cementerio destapó la tumba en la que posiblemente estaría enterrada su hermana. Su sorpresa fue mayúscula al ver que estaba vacía. Samuel estaba convencido de que algún día se encontraría otra vez con su hermana y por eso abrió el Internado ya que si Irene decidía buscarle, allí le encontraría fácilmente.

Por navidades Sandra recibió la visita de Alfonso, el profesor de historia de El Internado. Le entregó una lista con los nombres de niñas huérfanas que habían estado en el Internado. Sandra le dijo que no le sonaba ninguno de los nombres, pero cuando Alfonso vio a Paula le dijo que estaba completamente seguro de estar en el lugar correcto. Entonces le contó que fue adoptada y que le cambiaron el nombre pasándose a llamarse Sandra Pazos en lugar de Irene Espí. También le habló sobre el símbolo que le tatuaron y le enseñó uno de los dibujos que le entregó un alumno. Sandra creyó que era su hija Paula pero Alfonso le indicó que era ella de pequeña y que se lo había pintado su hermano Samuel.

A raíz de las palabras de Alfonso, Sandra Pazos habló con su padre adoptivo. Le recriminó que no le haya dicho nunca que fue adoptada. Santiago Pazos le preguntó quién le había dado esa información.

A partir de aquí, Sandra se puso a investigar. Empezó a preguntarse sobre su verdadera identidad y decidió llegar hasta el fondo del asunto. Para ello contó con la ayuda del padre de Julia (que era el abogado de la familia) y su psicóloga Gabriela Sánchez Trebijano. Con esta última llegó a descubrir, a través de sus regresiones, que su verdadero nombre era Irene Espí y que en el orfanato fue sometida a algunas operaciones.

Se reunió en un parque con su amigo Emilio Galván que fue otro huérfano del Internado y que al ser adoptado pasó a llamarse Martín. Sandra, que estaba bastante asustada, le contó lo que había descubierto a cerca de su pasado, que fue adoptada y que estuvo en un orfanato. Martín le preguntó si ese orfanato se llamaba Laguna Negra y ella le respondió que sí. A partir de ese momento ambos sospecharon que sus respectivos padres se conocían desde hacía mucho tiempo y no por los motivos que les habían contado. Ambos se unieron para investigar en una misma dirección y descubrir qué es lo que estaba pasando.

Sandra Pazos también habló con otra de las huérfanas Marta Hernández, a la que cambiaron el nombre por el de Lucía. Fue a visitarla mientras trabajaba en la empresa farmacéutica Ottox. Sandra le contó que estuvieron juntas en el mismo orfanato, que se llamaba Marta Hernández, que habían experimentado con ellas y que había descubierto que la gente que dirigía el orfanato estaba relacionada con Ottox. Lucía creyó que era una activista y le dijo que en Ottox no experimentaban con seres humanos. Sandra insistió y le reveló que tenía un hermano. Sandra la preguntó si le sonaba de algo el Proyecto Géminis.

Lucía se unió a Sandra y a Martín en su causa. Consiguió contactar a través de Internet con un científico llamado “Apolo” que trabajaba en unos laboratorios en Grecia y que quería denunciar las barbaridades cometidas por los integrantes del Proyecto Géminis. Lucía le propuso a Sandra que se reuniera con él en Grecia.

Sandra (que estaba embarazada de su tercer hijo) y Andrés acudieron a la cita en su barco familiar llamado “Dido y Eneas”. A esa cita también debía ir Martín en su barco llamado “Nemo”. El matrimonio Novoa-Pazos y Martín debían encontrarse en alta mar para después acudir juntos a la cita con Apolo, pero la cosa no salió como tenían previsto. Como Sandra vio que Martín se retrasaba intentó contactar con él por radio pero sin ningún tipo de éxito.

Andrés le dijo a Sandra que Martín sería uno de los malos y que les había tendido una trampa por llevarles a un sitio sin comunicaciones y en medio de la nada. Sandra le dijo que Martín era de fiar y le pidió que se tranquilizara pero éste le dijo que la investigación que estaban llevando a cabo les iba a costar la vida a los dos.

Como faltaban unas horas para la cita con el contacto, Sandra intentó descansar y poco después se produjo su secuestro a manos de Clara.

Andrés provocó el hundimiento del barco al estallar el detonador de una bomba que colocó. Antes de abandonar el barco fue sorprendido por Martín a quién había dejado maniatado. Tras una pelea con él, Martín le disparó y Andrés cayó a las aguas del mar Egeo. El barco se hundió con los cadáveres de dos alumnos que colaboraron en el Proyecto Géminis en su interior y que hicieron pasar después por el matrimonio Novoa-Pazos.

Sandra estuvo retenida en los pasadizos en donde dio a luz a Samuel. Estuvo al cuidado de Camilo y Mateo, profesores del Laguna Negra y miembros colaboradores del Proyecto Géminis. Su secuestro duró un total de 228 días.

Sandra quiso salir varias veces de aquel habitáculo dónde estaba retenida y se dio cuenta de que estaba siendo vigilada cuando descubrió una cámara detrás del marco de un cuadro. Camilo siempre la amenazaba diciéndola que si intentaba huir podría pasarle algo malo a su hijo e incluso la convenció para que se quedase ya que así podían curar a su bebé. Y es que Camilo se llevó a Samuel varias veces, apartándole de los brazos de su madre.

Mientras estuvo retenida Sandra intentó matar a Camilo con un cuchillo. Otra vez le golpeó en la cabeza y al salir de allí pudo leer la carta que Paula escribió a Papa Noel y vio a su hijo Samuel en una incubadora.

También golpeó la pared rompiendo algunas tuberías del agua mientras gritaba que le devolviesen a su hijo. Camilo le dijo que cualquier alteración en la presión del agua podría suponer un peligro para Samuel y tras inyectarle un tranquilizante Mateo y Camilo la maniataron en la cama.

Gracias a Nora, pudo escapar de allí. Pero Camilo se dio cuenta de todo gracias a la cámara de vigilancia. Ordenó encender las alarmas y sus hombres acudieron con los perros. Nora le dijo a Sandra que se fuera corriendo por el bosque y que luego iría a buscarla. Nora falleció por un disparo que recibió en el abdomen después de haberle contado a Fermín que había conseguido liberar a Sandra.

Sandra apenas podía correr por el bosque al llevar a Samuel en brazos y ser perseguida por los perros. Depositó al pequeño Samuelín en las cortezas de un árbol al que arrastró la corriente río abajo. Fermín descubrió a Sandra tendida en el suelo después haberse tropezado, acabó con la vida de uno de los perros y avisó a Saúl antes de que hiciese efecto el veneno que éste último le había inyectado.

Después Saúl inyectó el antídoto a Fermín y llevó a Sandra Pazos a un lugar seguro. Por el camino, Sandra pudo ver a su hija Paula a través de la ventanilla del coche.

Cuando Fermín descubrió dónde estaba escondida Sandra Pazos le llevó un vídeo grabado en un CD para que viese que sus hijos estaban bien. Además le enseñó la foto de Amelia y Fernando por si los había visto. Sandra sólo reconoció a Fernando. Fermín fue descubierto poco después por su jefe, quién le había dicho que no se acercase a Sandra.

Sandra ayudó a Saúl y Fermín en sus investigaciones. Fermín le prometió que si lo hacía le devolvería a Samuel. Sandra Pazos les dio el nombre del parque que frecuentaba su padre todos los martes. Y es que Ritter Wülf y Don Joaquín se reunían allí para intercambiar sangre oculta en piezas de ajedrez. Fermín cumplió su palabra y Sandra volvió a tener entre sus brazos a Samuel.

Cuando Saúl fue descubierto, los hombres de Camilo se dirigieron al lugar dónde se ocultaba y hubo un tiroteo. En medio de tanto caos Sandra Pazos aprovechó para escaparse, montándose en un coche y dirigiéndose hacia el Internado. Allí se encontró con Elsa, persona que se había echo cargo de los cuidados del pequeño Samuelín desde que lo adoptó gracias a Noiret hasta que Fermín se lo arrebató. Sandra huyó del Internado cuando Elsa la amenazó con denunciarla ante la policía por haberla robado a su niño. De esta forma el ansiado reencuentro con sus otros dos hijos quedó frustrado.

Tras huir del Internado fue apresada de nuevo y encerrada al igual que su marido en distintas habitaciones. El principal objetivo de Ritter Wülf fue averiguar la identidad de Apolo.

Andrés no recordaba nada y Ritter Wülf decidió llevarle junto a Sandra Pazos para ver si se acordaba de algo y le desvelaba la identidad que andaba buscando. Sandra empezó a contarle a Andrés todo lo que sabía, incluso lo del viaje a Grecia pero Andrés no consiguió acordarse de nada.

En una de sus intentos de huida, Sandra pudo ver un vídeo en el que aparecían su padre y su marido y la estaban inseminando artificialmente en los laboratorios. Fruto de esa intervención nació después el pequeño Samuel. Sandra fue consciente que Andrés había estado fingiendo y engañándola ya que nunca la había querido y había arruinado la vida a ella y a sus hijos.

Pese a ello, Andrés todavía sentía algo por ella y cuando entró en la habitación de Sandra le dio una nota en la que decía Samuel estaba bien y que les iba a sacar de allí aunque fuese lo último que hiciera. Y así sucedió todo. Andrés consiguió reunir a Samuel y Sandra pero recibió un disparo en el abdomen que fue mortal. Poco después llegó Alicia, la inspectora de policía infiltrada en el Internado. Parecía que Sandra se reuniría pronto con sus otros hijos pero no fue así.

De camino al Internado tuvieron un accidente con el coche después de escuchar una explosión y al intentar esquivar a Camilo. Sandra estaba inconsciente y malherida. Mientras Alicia fue a pedir ayuda al Internado, Camilo aprovechó para llevarse a Sandra en brazos por el bosque.

Cuando llegaron los refuerzos al lugar de los hechos fueron sorprendidos por los militares de la cuarentena que les impidieron el paso y les obligaron a retroceder. Paula vio como Camilo (al que ella llamó “monstruo” por su aspecto físico) se llevaba a su madre por el bosque. Camilo la curó sus heridas mientras abría hueco entre los escombros para rescatar al hermano de Sandra, que se encontraba atrapado en los laboratorios.

Gracias a Camilo, Héctor consiguió salir del lugar en el que había estado encerrado y, después de tanto tiempo, se reencontró con su hermana.

Tras el emotivo encuentro, consiguieron salir fuera del perímetro de seguridad y se dirigieron al lugar dónde estaban los militares, el teniente Garrido y el resto de personal del colegio.

Ambos dieron la cara ante los militares y después se produjo el emotivo, ansiado y esperado reencuentro de Sandra con sus tres hijos, poniendo fin al calvario que vivió durante mucho tiempo.

Valores que encarna su figura:

Valiente, sufridora, luchadora, inteligente, sencilla, decidida, sentimental, cariñosa, maternal, admirable, auténtica, incansable y fiel.

En una frase:

Un personaje cuya retención fue la más larga jamás contada y que nunca perdió la esperanza por volver a ver a sus hijos.

Artículo redactado por VAF con la colaboración de supermami para Zona el Internado (Prohibida su copia y reproducción).