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Lola Baldrich, protagonista de la obra de teatro “Celebración”


Lola Baldrich, conocida por su papel de ‘Lucía’ en el Internado, empieza un nuevo proyecto teatral: “Celebración” de Harold Pinter y dirigido por Carlos Fernández de Castro.

Celebración”, de Harold Pinter, llega al Teatro Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional (CDN) en un montaje “entre el realismo y la farsa” dirigido por Carlos Fernández de Castro.

De esta forma ha calificado este espectáculo Gerardo Vera, director del Centro público, para quien Fernández de Castro ha realizado “una propuesta radical, arriesgada y personal” que se representará hasta el 2 de enero de 2011 en la Sala Francisco Nieva. La “ironía” y una “mirada corrosiva y ácida” se citan en esta función de Pinter mucho más que en otras, según Vera.

La obra está protagonizada por Lola Baldrich (que interpretó a Lucía en el Internado), María Casal, Jesús Cisneros, Gabriel Garbisu, Rodrigo Mendiola, Sergio Otegui, Miguel Rellán, Javier Román, María José del Valle y la joven debutante Usun Yoon (conocida por el programa ‘El intermedio’).

Celebración“, escrita en 1999, refleja, según Fernández de Castro, el funcionamiento de la sociedad actual y aunque a Pinter le interesa la búsqueda de la verdad, diferencia con nitidez si se realiza dentro del juego teatral o del social. Así denuncia “como caminamos hacia una sociedad vacía, superficial, de éxito directo y poco pegada al mundo de los sentimientos, la calma y el conseguir las cosas despacito”.

Pinter (1930-2008) explica que se puede hablar de la existencia de una verdad y una mentira teatrales, con las que se puede jugar, pero que en la vida real eso es inadmisible, porque hay que saber en cada momento “qué es verdad y qué es mentira”.

El público

Una de las peculiaridades de esta función, cuya acción se desarrolla en un restaurante, es la presencia del público en mesas en las que se encuentran, codo con codo, con los propios artistas. Toda la sala se ha convertido en un elegante salón y esta cercanía es lo que le ha interesado al director de escena. “El público está espiando a esos personajes”, como suele suceder en la vida real.

Junto a este elenco, el director de escena se ha “inventado” tres personajes más: un segundo camarero, y dos músicos: el cantante Joselo Esbrí y la pianista Cristina Presmanes.

Para Fernández de Castro, lo que distingue el teatro de Pinter es que se trata de un autor “absolutamente crítico con la sociedad en la que vive, pero además lo hace en primera persona y eso se nota especialmente en esta obra”, argumenta. “Nunca da una solución sino que plantea los problemas por igual. Sus finales son abiertos, muy cítricos y no tienen fin”, añade.

La obra, “corrosiva y ácida”, se ha construido a partir de reflexiones como que el Papa “tiene voto de pobreza pero no lo practica”; los sindicatos hacen huelga, “pactan los servicios y van a trabajar”, o hay familias sin trabajo y sin casa porque el mismo banco que les dio grandes facilidades para comprar, ahora les embarga por falta de pago.

“Y no pasa nada todo forma parte del juego social”, subraya el director, que advierte que si no se enseña a los niños a ser libres, respetando la libertad de los demás, y solidarios, estarán perdiendo “la dignidad como seres humanos”.

Con la llegada de la democracia a España, las obras de Pinter, clasificadas en cierto modo como teatro político y algunas de las cuales sí se habían representado paradójicamente al final del franquismo, apenas se llevaban a escena. Desde hace unos años, especialmente tras la concesión del Premio Nobel al autor británico en 2005, su teatro vuelve a estar vivo en la escena española.

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