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Marta Hazas: “Ser la chica intrépida es un regalazo”


Tras su exitoso paso por El Internado, en televisión, y El mercader de Venecia, en teatro, Marta Hazas se va a convertir en la protagonista de Bandolera, la nueva apuesta de Antena 3 para la programación de sobremesa. La historia de amor entre Sara Reeves y Miguel Romero (Carles Francino) constituye el hilo argumental de la serie, alrededor del cual se construye un universo de aventuras y acción en la Andalucía del siglo XIX.

Emociones fuertes basadas en hechos reales prometen ser el escenario de la rivalidad entre ricos y pobres propia de la época. Previsiblemente, noviembre será el mes elegido por la cadena para el lanzamiento de un mundo plagado de bandoleros, campesinos y señores de la tierra, que quedarán sorprendidos con la llegada de una estudiante de Literatura Hispánica de Oxford (Sara Reeves), a la que desde pequeña le han fascinado mitos como el de ‘Carmen’ y obras como Los cuentos de la Alambra de Washington Irving.

A lo largo de la serie vamos a conocer más a fondo la historia de la protagonista, sin embargo, ¿cuál es el pasado de Sara Reeves?

Mi personaje es una chica inglesa, pero que se ha criado en Andalucía. Su padre es ingeniero, ha recorrido con él el mundo y la ha criado como alguien capaz de valerse por sí misma. No es una típica señorita aristócrata: tiene más metas en la vida que casarse con alguien de buena familia. Es una enamorada de la cultura andaluza y decide volver a sus raíces, donde el choque de culturas es grande. Allí, descubre aspectos que no son tan idílicos, lo que le va a hacer verse inmersa en unas cuantas aventuras, en las que, por fin, un personaje femenino se convierte en una chica de acción.

El hecho de ser la protagonista de una serie en la que los espectadores van a verte a diario ya es un logro profesional y es un paso importante en tu carrera…

Es muy importante para mí porque, aparte de que me encanta asumir la responsabilidad de un personaje protagonista en una serie, es un caramelo para cualquier actriz interpretar este papel. En todas las producciones de acción parece que la mayoría de actores siempre son hombres y nosotras también hacemos esgrima en la escuela, aprendemos a montar a caballo… y ser la “chica intrépida” es un regalazo.

Aventurera, pasional y que se puede permitir el lujo de hacer lo que quiera en un pueblo dominado por hombres puede ser una ficción soñada para muchas actrices, pero, en la realidad, ¿qué compartes con la protagonista?

Por ejemplo, que no sabía montar a caballo y si tengo que aprender, aprendo. Como a Sara, me gustan los retos, enfrentarme a cosas que supongan algo nuevo y no ir siempre a lo seguro.

Sara Reeves es una dama de la aristocracia inglesa con unas características físicas muy definidas, ¿piensas que eso ha tenido que ver con que te eligiesen para este papel?

En esta profesión el físico te marca para bien o para mal: en esta ocasión me ha encajado todo como un guante.

Además de lo obvio, que es el físico que se requiere para un papel como éste, la nacionalidad de la protagonista también puede marcar una serie de requisitos a la hora de interpretar, ¿vas a tener que hablar inglés en algún momento?

Han decidido que sería muy cansado estar permanentemente escuchando a alguien hablando con acento inglés. En diversos momentos sí que se va a jugar con alguna expresión, pero van a ser simplemente pinceladas.


Volviendo al argumento de Bandolera, ¿cómo va a ser esa primera aparición en el pueblo?

Su llegada es un poco “extraterrestre”, principalmente por su forma de vestir, propia de la alta sociedad, en un lugar en el que la gente es mucho más popular. Está muy bien hecha la evolución del personaje porque es una chica muy intrépida, muy liberal y nada convencional, que va a chocar mucho con las costumbres de allí.

Hasta ahora hemos dibujado a una Sara positiva, inteligente, enérgica… no obstante, es un ser humano y algo malo tendrá que tener…

Tiene muchas contradicciones en el tema cultural y una parte muy “british” que le impide disgustar a la gente: adquiere ciertos compromisos que no sabe si va a llegar a cumplir. Es demasiado impetuosa y suele crear situaciones de peligro innecesarias.

La franja horaria elegida para la emisión es muy complicada para crear audiencia, ¿por qué puede despertar interés entre los espectadores?

Es una buena alternativa, ya que es una serie de época bien hecha, no es la típica telenovela. Aquí tenemos caballos, tenemos esgrima, tenemos acción… hay mucho movimiento: es una producción muy completa.

En la parrilla, encontramos alternativas como Amar en tiempos revueltos, seguida en gran medida por el público televisivo, y que también está producida por Diagonal TV. ¿Cómo influye esto en vosotros?

Aquí tenemos una puesta en escena que complica todo mucho más: hay más exteriores, por ejemplo. Digamos que el argumento de Bandolera es anterior, en 1882, y el de Amar en tiempos revueltos se desarrolla durante la posguerra. Ambas llevan ese sello personal, de una estética más española, pero la nuestra retrata la época del caciquismo, la mano negra…

En este caso, como actriz, estás cara a cara con un trabajo diario, más intenso que el que puede tener cualquier profesional cuando se dedica sólo al rodaje de una película, por ejemplo. ¿Puede llegar a restar calidad?

Como profesionales no, pero como personas es verdad que te cansas mucho más. Cuando tienes que encajar una serie diaria eres consciente de todo lo que tienes y de todo lo que te falta, puesto que tienes que tirar mucho de recursos, no hay tiempo para ensayar, ni para planear de la misma manera que en una serie semanal. Por ello, está muy bien para medirte a ti mismo.

Este año has probado en cine, teatro y ahora en televisión, pero pensando en lo que te gustaría de verdad como actriz, ¿qué prefieres?

La verdad es que todo. Ha sido un 2010 genial: he podido hacer las tres cosas. Creo que en televisión hay proyectos muy buenos, no reniego de ella y antes haría una serie de televisión que una mala película. Por otro lado, a mí el teatro me da ese punto de adrenalina que tiene el directo que me encanta poder compaginar. Es como elegir entre papá o mamá: imposible quedarte con uno solo.

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