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Natalia Millán: “Cuando partes de un texto tan bueno, ya tienes una parte del trabajo hecho”


La intérprete toma el relevo de Lola Herrera en la nueva producción de Cinco horas con Mario, revisión de la obra de Delibes que se representa esta semana en el Lope de Vega tras su emotivo estreno en Valladolid.

El productor José Sámano recuerda ahora, entre risas, que cuando llevó a escena por primera vez Cinco horas con Mario, la adaptación del libro de Miguel Delibes, el ensayo general sufrió curiosos episodios de somnolencia (hasta el iluminador del montaje se quedó dormido esa noche) y recibió comentarios negativos que auguraban que nadie iba a querer ver ‘a una señora hablando con un muerto’. Se equivocaban: la obra estaba destinada a convertirse en un clásico del teatro español del siglo XX, una pieza maestra que se rescata ahora tras la muerte de su autor. Sámano y la directora de la propuesta, Josefina Molina, se mantienen en el equipo, pero quien había interpretado hasta ahora a Carmen Sotillo, Lola Herrera, cede el testigo a Natalia Millán, actriz de sólida trayectoria más conocida por su trabajo en musicales (Chicago, Cabaret) y televisión (El internado), que hasta el domingo revive este personaje memorable en el Lope de Vega.

Acepta a menudo papeles en los que pesa el recuerdo de otra actriz. Combatió el fantasma de Liza Minelli en Cabaret y ahora toma el relevo de Lola Herrera.

Da muchísimo respeto, pero si te lo piensas te das cuenta de que si esas grandísimas actrices han hecho esos papeles es porque son personajes maravillosos, y es una suerte tenerlos entre las manos. Además, si te van a comparar, mejor que lo hagan con las grandes…

Para una actriz, debe de ser una suerte interpretar un texto de Delibes, con el buen oído que tenía el autor para los diálogos.

Absolutamente. Cuando creas un personaje partiendo de un texto así ya tienes mucho trabajo hecho. Si tienes un guión o un personaje mal escrito, tienes que hacer malabarismos para darle vida. Pero es que esta Carmen Sotillo tiene vida propia… Yo lo único que pido es no ser una interferencia entre el texto de Delibes y el espectador, porque el personaje ya late en el papel.

Josefina Molina cuenta que se dio cuenta del tiempo transcurrido al ver que usted abordaba el papel como si fuera una obra de época.

(Ríe) Es curioso, porque no está tan lejos en el tiempo, pero nos hemos separado mucho de aquella forma de pensar, sobre todo las mujeres. Aunque de la mano de Josefina y de José no fue difícil entrar en esta mentalidad, y siempre reconoces a gente que tienes cerca que de alguna forma te recuerda a Carmen Sotillo.

La interpretación permite eso: acercarse a mundos opuestos y entenderlos. Para usted, actuar es un ejercicio de tolerancia.

Hay que intentar entender al personaje, sin tener miedo de si resuena algo de él dentro de ti. Yo lo decía hablando de Velma Kelly (la asesina que interpretó en Chicago), que es un camino de ida y vuelta, viajas al personaje pensando que no tiene nada de ti y te das cuenta de que no está tan lejos.

Por la gran acogida, parece que la nueva versión ha superado la prueba del estreno en Valladolid.

Lo más emocionante fue la respuesta de la familia de Delibes, eso no se me olvidará en la vida. Me dijeron cosas maravillosas, que les había emocionado y cómo les habría gustado que Don Miguel hubiera estado en el estreno.

Se le suele vincular con el musical, pero conoce bien el teatro de texto: en los 90 hizo obras con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y recientemente se le vio en El mercader de Venecia.

Pasa un poco con el teatro en general. Me tildan mucho de televisiva y la verdad es que he hecho cuatro series, y obras más de 20. Pero la proyección que da la tele es mucho más grande que la del teatro, y a la vez la proyección que dan los musicales es mucho mayor que la del teatro de texto. Además, en España resulta excepcional que un actor pueda cantar y bailar, y eso llama la atención. Pero, sí, he tenido la suerte de hacer cosas muy diferentes. Los personajes que creo más importantes en mi carrera son la Porcia de El mercader de Venecia, Velma Kelly en Chicago y esta Carmen Sotillo. No tienen nada que ver entre sí, lo que es un privilegio.

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