Zona El Internado

Yon González: “Algún día trabajaré en Estados Unidos”


Yon González descubrió su vocación de actor en una de las series más vistas de la televisión, El internado, una auténtica escuela que le ha llevado a conseguir premios como el de la Asociación de Cronistas del Espectáculo (ACE) de Nueva York, “un lugar donde algún día trabajaré”, asegura.

El actor vizcaíno, de 23 años, se encuentra inmerso en el rodaje de los 15 últimos capítulos de El internado, que se estrenarán próximamente para poner fin a tres años de misterios e intrigas, una tesitura que le produce mucha pena, ya que la serie de Antena 3 “es como mi casa”, apunta Yon.

La ficción producida por Globomedia también ha resultado para el joven actor durante tres años y medio una escuela de interpretación en la que ha aprendido a trabajar con “bastante presión, porque hay 70 personas pendientes de tu actuación”, explica. “Y esa sensación es muy fuerte”.

El rebelde y egocéntrico Iván de El internado le dará esta temporada final la ocasión de seguir probándose a fondo, porque los guionistas le han reservado una trama propia “muy fuerte, difícil pero muy interesante a nivel actoral”, explica someramente el actor, imbuido del secretismo que rodea ahora más que nunca al desarrollo de una serie plagada de sorprendentes giros de guión.

“En esta temporada habrá sobre todo tramas dramáticas”, añade González, para quien la mayor dificultad es “hacer creíbles situaciones que no has vivido nunca; al final descubres cosas sobre muchos temas de la vida, es lo bonito de este trabajo, que nunca dejas de aprender”.

En ese sentido, destaca su labor junto a su compañero Carlos Leal (Noiret), de quien ha aprendido técnicas para “sorprender al compañero y evitar vicios propios de la mecánica del rodaje; quiero llegar a ser así, un actor generoso”.

Yon González reconoce que hasta los 18 años andaba un poco perdido, pero que, como siempre ha estado abierto a todo, en 2006 se decidió a dar el salto a la televisión con la serie SMS (La Sexta), a los pocos meses de haberse apuntado en Bilbao a una agencia de modelos.

“Cuando probé la interpretación me enganchó”, señala, y apunta que en ocasiones ha llegado a unos niveles de concentración e intensidad comparables a la época en que ganaba un combate cuando hacía kárate, un deporte que ha practicado durante 15 años.

La experiencia le ha servido para controlar los nervios y afrontar con mayor seguridad proyectos tan dispares como la película Mentiras y gordas, uno de los grandes éxitos de 2009, y el reciente rodaje de la miniserie Sofía, sobre el noviazgo de los Reyes de España, donde interpreta a un joven Constantino de Grecia.

Su trayectoria acaba de ser recompensada con el premio de la Asociación de Cronistas del Espectáculo (ACE) de Nueva York como Revelación del Año por su papel en El internado, un galardón que recogió en la ciudad de los rascacielos con una sensación maravillosa que en el futuro quiere ampliar: “Sé que pisaré aquellas tierras algún día a nivel profesional”.

Mientras tanto, continuará formándose como actor: “Aunque no me meteré en una escuela cuatro años, sí me gustaría tomar clases de voz, porque creo que es una faceta que supone más del 50 por ciento de la actuación”.

No le gusta concretar sus proyectos en el cine, aunque se le da por seguro en el reparto de la comedia El sexo de los ángeles, de Xavier Villaverde; reconoce que ahora tiene “mucha curiosidad por el teatro, pero no tengo prisa, ya irán surgiendo las cosas”, advierte.

Lo que sí tiene claro es que no volverá a ser modelo (desfiló en una ocasión para David Delfín): “Ahora que he descubierto que quiero ser actor, no le dedicaré más energías a eso”.

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