Zona El Internado

Yon González ya no es ningún niño en el reportaje para Shangay Style


No le importaría ser un eterno adolescente, pero se ha dado cuenta de que ni la vida ni la ficción funcionan así. Se enfrenta a un momento decisivo de su carrera como actor: el final de El internado, la serie que le ha dado una enorme popularidad. Lo vive con cierta inseguridad, aunque la disimula de maravilla. Un sonriente y aparentemente cercano Yon González nos recibe sentado, fumando. Pero no fumando un cigarrillo cualquiera, sino uno “electrónico”, que ha comprado recientemente por Internet. Primera pista que nos indica que su proceso de maduración le hace empezar a plantearse vicios como el tabaco desde una perspectiva adulta. “Es que llevo diez años fumando, tío, y la voz empieza a resentirse. A veces me cuesta sacarla, así que he decidido que se acabó”.

Yon González

De manera que ahora no se separa de un curioso cigarro que se recarga con agua y unas monodosis especiales de distintos sabores, que permiten mantener la fantasía de tragar humo aunque, aparentemente, sin los muchos perjuicios que acarrea el tabaco. “Mira que soy un vicioso del tabaco, pero por suerte nunca me han gustado las drogas. Aunque, bueno, le comentaba a mi novia que ojalá sacaran sabores para este cigarro a marihuana y hachís, sería un puntazo. No volvería a fumar otra cosa en la vida. Pero desde luego no quisiera dejar de fumar, al menos así como lo hago ahora. Porque yo no fumo por el globazo, sino por el sabor, por cómo rasca…”. No hace falta que siga, es evidente que fumar le proporciona placer, y no está dispuesto a renunciar a él del todo. Igual que tampoco quisiera renunciar a El internado, la serie producida por Globomedia que emite Antena 3, que para él es otro vicio y que tantas alegrías le sigue proporcionando.


“Poco a poco me tengo que ir quitando”, bromea. Porque a finales de julio dejará de rodar, y ya nunca volveremos a verle en televisión con el uniforme de alumno de La Laguna Negra, el misterioso centro educativo de ficción que convirtió a Yon –igual que a su compañero de serie Martín Rivas– en un fenómeno fan en sí mismo. “Da un poco de vértigo ver que, después de tres años, la serie se acaba. Pero soy consciente de que eso implica que, igual que una etapa se cierra, otra se abre. Yo aún me veo como un chaval, casi como un adolescente, pero me tengo que ir haciendo a la idea de que ya soy mayor, que me convierto en un hombre”. Lo afirma un actor que acaba de cumplir 24 años y que en absoluto quisiera dejar de ser Iván en El internado. “No me lo pide el cuerpo para nada.

Desde que terminé el cole no me he quitado el uniforme y ahora me da pena hacerlo”. Lo dice porque la serie en que debutó, SMS, también iba vestido de colegial. Está claro que le sientan bien los uniformes. Y mejor no pensar en cómo le habría quedado el mono de mecánico si hubiese seguido su instinto y se hubiese convertido en mecánico de motos, que era su sueño de más jovencito.

Sobre la marcha

La carrera de Yon González se ha desarrollado sobre la marcha, a golpe de suerte y gracias al apoyo de quienes han confiado siempre en él. La primera, su madre. “Se empeñó en que me apuntase a una agencia de modelos, aunque a mí la moda nunca me ha atraído demasiado.

Y sigue sin hacerlo”. Cualquiera lo diría, viéndole cómo parece disfrutar en manos del peluquero y después de la estilista de la sesión fotográfica. Resulta obvio que Yon sabe cómo comportarse cuando es el centro de atención. “A raíz de apuntarme en la agencia, a los tres meses me llamaron para un casting, así empezó todo”. Y ahí se quedaron sus posibilidades de trabajar como modelo. “La moda me gusta, no lo voy a negar, pero reconozco que ahora, después de verla por dentro, me interesa aún menos que antes”. Y, sorprendentemente, cuenta que no le hacen ofertas para protagonizar campañas publicitarias. “Por lo menos, ninguna interesante. No me importa, a mí lo que me llena es actuar”.

Aprovecha para agradecer públicamente el apoyo incondicional de su mentor, el director de casting Luis San Narciso, su particular mecenas. “Lo que soy es gracias a él. Todos los trabajos que he hecho hasta ahora me han salido porque él me ha propuesto y ha creído en mis posibilidades. No me canso de decirle lo muy agradecido que le estoy. De SMS, la primera serie que hice, casi me echan de lo malo que era”, recuerda. “Y Luis les dijo que esperaran, que me dieran una oportunidad. Es increíble cuánto ha confiado en mí”.

Yon González

Mentiras y verdades

No podemos dejar de hablar de Mentiras y gordas, su debut en el cine el año pasado de la mano de Alfonso Albacete y David Menkes, y el gesto espontáneo de Yon indica que no es un tema que le apetezca mucho tratar. “Se ha hablado tanto de esa película… Yo preferiría poner ya un punto y aparte a ese tema”. Nosotros preferiríamos que lo pusiera una vez haya aclarado si realmente fue una experiencia tan poco placentera como se dice que él ha dicho. Se lo piensa unos segundos. “Es que cuando dices cosas, la prensa después lo maneja como le sale de los cojones y te deja a ti en un lugar de mierda. Así que ahora, cuando surge este tema, ya digo ‘¿para qué voy a hablar?’. Porque en ocasiones me abro mogollón, me sincero sin pensarlo y luego me llevo unas desilusiones cuando leo lo que se escribe…”. Le pedimos un voto de confianza, que nos da.

¿Realmente fue una experiencia tan poco positiva para ti?
Tuvo sus cosas positivas y otras negativas. Obviamente, me vino genial para mi carrera, se convirtió en un escaparate increíble, y a mucha gente le ha gustado la película.

Yon González

¿Y a ti?
Mi principal problema es que yo no me gusto nada. Digamos que en el rodaje me sentí muy inseguro, y doy las gracias por haber tenido a Mario Casas a mi lado. Pero no me arrepiento de haberla hecho, porque aprendí mucho.

Serás consciente de que la relación de vuestros personajes en la película [el personaje de Mario, gay, vive enamorado de su mejor amigo hetero, al que da vida Yon] ha alimentado las fantasías de muchos homosexuales desde su estreno [en ese momento, sin ir más lejos, un miembro del equipo que realiza el reportaje le confiesa que la ha visto en incontables ocasiones, y que hay momentos que no se cansa de revisar… a cámara lenta]. Además, está tu tan comentado desnudo integral.
Solo hubiera querido que me lo pagaran. El contrato estaba mal negociado y de repente me vi en el rodaje en pelotas, en un embolado… Pero bueno, a lo hecho, pecho. Desde luego, que me vea España o el mundo entero en bolas no es algo que me preocupe. ¡Si todos tenemos lo mismo! [se levanta con total naturalidad la camiseta, algo que no viene precisamente a confirmar lo que dice]. Bueno, o casi lo mismo [risas]. Desde luego, si un trabajo me exige salir en pelotas, yo lo hago. Aunque sí es verdad que los desnudos tienen que estar justificados.

No sé yo si cada vez que salís a pecho descubierto en El internado está justificado…
Sí, bueno, pero de salir sin camiseta a que se te vea el rabo hay un salto [risas]. Porque si no lo enseñas la gente puede fantasear sobre cómo será, mientras que en en mi caso ahora hay gente que se hace pajas viendo mi rabo.

Yon González

¿Qué sensación te produce ese hecho?
Me da igual. Cada uno que se masturbe con lo que le guste. Como hago yo.

¿Tú te has masturbado con alguna secuencia erótica protagonizada por actrices que te gusten?
Yo siempre he sido más de utilizar mi imaginación. De pequeño, como todo el mundo, me he ayudado de películas porno en casa, pero poco más. En mi cuarto, en el País Vasco [en Bergara, concretamente] de muy chiquitín solo tenía un póster de Penélope Cruz con una boa. En la foto salía muy guapa, estaba muy buena, salía con una serpiente, así que lo colgué en la pared y ahí se quedó. Pero nunca me he dedicado yo a rebobinar una película por verle las tetas a una actriz ni nada así. Ni me he enamorado platónicamente de ninguna ni he sido admirador de nadie. Por eso me choca tener tantos fans. Como tengo una letra horrible, cada vez que me piden un autógrafo me pregunto para qué querrá nadie un trozo de papel firmado por mí.

Yon González

El ejército de sus fans

Si obviamente contaba con una legión de fans gracias a El internado, ser uno de los protagonistas de Mentiras y gordas contribuyó a aumentar el número de admiradores pasionales que le siguen con locura. Congregar en una misma película a tantos rostros populares de la televisión resultó ser un allazgo de casting impagable, que tuvo su efecto en el impresionante arranque en taquilla de la cinta, con hordas de fans de los integrantes de este nuevo star system acudiendo en masa a los cines. “Ese fenómeno, surgido en mi caso a raíz de El internado, me lo ha dado todo, y estoy superagradecido.

Mentiras y gordas también resultó ser muy positiva para mi carrera, porque me permitió acceder a otros proyectos y llegar a un público que me apetece mucho que sepa de mí. Y aquí incluyo al público homosexual. Aunque yo no sea gay, me encanta saber que gente que sí lo es siente cierta curiosidad por mí y por las cosas que hago”. Ser líder de un fenómeno fan de la magnitud del que protagoniza Yon implica mantener una cierta imagen. Aunque él asegura que no siente la presión de tener que mostrarse permanentemente guapo –quizá porque lo consigue sin esfuerzo, como se comprueba en las distancias cortas–. “Si yo me pongo guapo es para mí, no pensando en nadie más, porque me apetece sentirme cómodo con mi aspecto”. Lo que podría dar un poco de rabia es que confiese que no se cuida físicamente ni se machaca para estar como está. “He hecho mucho deporte toda mi vida, hasta que me vine a Madrid a trabajar. Me había clasificado para el campeonato de España de karate y no pude competir, porque me tuve que centrar en la interpretación. Es curioso que, desde que me dedico a esto y se supone que tengo que estar más guapo que nunca, no he pisado el gimnasio. Vivo de las rentas, totalmente”.

¿Y tampoco utilizas productos cosméticos para prevenir? “Si uso cremas es gracias a mi chica, que es la que me las da”. Todo un detalle por su parte. Nos anticipa Yon en primicia que lo de no pisar el gimnasio se va a acabar. Uno de los proyectos que tiene en cartera exige que aumente su volumen muscular considerablemente. “Me voy a poner como He-Man”, afirma muy serio. Le insinuamos que en este caso probablemente le parecerá bien mostrar su físico, aunque sea de manera más o menos gratuita, para justificar su esfuerzo y lucirlo. “Bueno, en realidad ni siquiera sé si tendré que enseñar algo o no. Pero por el hecho de ponerme fuerte no tengo por qué quedarme en pelotas para que todo el mundo me vea porque sí. Tengo que mirarlo, no me he leído aún el guión. Solo sé que me flipó el proyecto y dije que sí enseguida.

Me parece que cambiar físicamente me vendrá muy bien también para romper con la imagen adolescente de Iván en El internado. Porque noto que hay mucha gente pendiente de mí, en plan a ver qué hace ‘el niño’ después de El internado”. Qué va a hacer exactamente no quiere ni debe decirlo. Ni siquiera accede a explicarnos qué película es la que le exigirá machacarse para cambiar de físico. “No debería contar los proyectos que tengo en vistas antes de tiempo, porque luego se caen. Hace poco vi un reportaje sobre mí en el que se citaban cinco películas que se supone que he rodado, ¡y al final no he hecho ninguna!”.

Resulta inevitable preguntarle por El sexo de los ángeles, un proyecto de Xavier Villaverde del que se ha hablado mucho por lo morboso de su trama, y en donde Yon interpretaría a un profesor de judo y bailarín bisexual que se enamora de un profesor de educación física que tiene novia. “El personaje es guay, pero al final no sé si voy a poder hacerla, porque parece que me coincidirá con la película de El internado”. Sí, has leído bien, la serie de sus amores parece que tendrá secuela cinematográfica. “Esta parece que la haré seguro”, sonríe. “Eso espero. Pero en realidad aún no he firmado nada, no debería haberlo dicho…”. Ya no tiene remedio.

“Y hay otra película que espero hacer…”. Se lo piensa antes de seguir, por el miedo a que se gafe, aunque no se aguanta. “Se titula Alpha, será la primera de Joan Cutrina. Se rodará en 3D, y tiene pinta de peliculón. Ojalá sea de las que sí acabe haciendo”. Muchas propuestas a la vista y una idea clara: ya nada volverá a ser para él como ahora, tras mucho tiempo bien arropado en una serie televisiva de éxito. “Tengo toda la inseguridad del mundo”, confiesa con esa franqueza que le caracteriza, uno de sus atractivos más inmediatos junto con su inesperada naturalidad.

“Sé por dónde quiero llevar mi carrera, pero soy consciente de que debo tener mucho cuidado con las decisiones que tome, porque en cualquier momento la puedo cagar. Lo que seguiré haciendo, como hasta ahora, es dejarme el alma en cada trabajo. Porque técnica no es que utilice, teniendo en cuenta que no he estudiado interpretación y que mi escuela ha sido El internado”. No sabe si tendrá vacaciones en breve, pero tiene claro que, si surge la posibilidad, lo que hará es un viaje sobre su amada Harley Davidson (“la mía es como la que saca Schwarzenegger en Terminator 2, preciosa.

Y más lo estará cuando empiece a personalizarla”). Ahora mismo da más prioridad a su formación. “Espero hacer pronto, por fin, un curso de interpretación con Fernando Piernas. Y otro intensivo de voz. No sé cuándo conseguiré hacer teatro, pero cuando llegue el momento quiero estar muy preparado, para callar a los que me estarán esperando con las garras afiladas por ser ese niño que se hizo famoso con El internado”. ¿Pensando en su futuro profesional y planteándose cómo hacer frente a los juicios previos que le haránlos críticos que no se dejan influenciar por sus bondades físicas ni los trabajos que ha hecho hasta ahora? Decididamente, Yon se está haciendo mayor.